Anónimo

Origen: Castilla y León, Valladolid, Medina del río seco.

Cocodrilo de medina del rioseco

Cocodrilo de medina del rioseco

Versión castellana de El Drac del Patriarca.

Sinopsis: En la conocida Ciudad de los Almirantes encontramos un viejo pellejo de caimán que cuelga del cancel de madera de la entrada de la iglesia de Santa María. Por estos lares se cuenta que cuando se estaba construyendo la iglesia, los obreros encontraban al día siguiente toda su faena destruida. No se sabía quién era el responsable de aquellas fechorías hasta que un día se descubrió al monstruo, que si bien era realmente horrible, pues era especialmente gigantesco, no era más que un cocodrilo. No creo necesario apostillar que al ver tal fenómeno de la naturaleza, todos huyeron en desbandada.
Pasaba el tiempo pues lentamente para los cuidadanos de Medina del río seco ya que cuando se tiene miedo, cada segundo es como un minuto y cada miuto es como una hora, así que imagínemonos cómo pasarían de lentos para ellos las horas, días y meses. Llegó un momento entonces en el que las autoridades, estando más que hartas de la situación, decidieron ante la falta de aguerridos voluntarios, proponer el trabajo a un preso a cambio de su libertad (claro, tan sólo si acababa con la fiera, pues no valía el cortarle una pata o la cola, no, pues eso no lo resolvería). Así fue como surgió de manera voluntaria (o casi) un aguerrido caballero (o casi) que acabó con el cocodrilo con una ingeniosa idea: se llenó de espejos de la cabeza a los pies, lo que hizo que el animal se desconcertara y quedara absorto, y no sólo por el atuendo estrambótico del aguerrido guerrero no, sino también al verse reflejado en los espejos. Aprovechó esto pues el héroe diciendo: -esta es la mía horrible monstruo- y acabó de un certero lanzazo con la vida del desdichado animal.

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