El Castillo de Irás y no Volverás

Origen: Castilla y León.

Versión Castellana de La Mare dels Pèixos.

El castillo de iras y no volveras

El castillo de iras y no volveras

Sinopsis: Érase una vez un pescador con siete hijos. Un día, éste pescó un pez que le dijo:-Pescador, pescadorcito, suéltame y tendrás toda la pesca que tú quieras. El pescador decidió soltar al pez e irse a pescar otra vez, pescando así con ayuda del primer pez un montón de pececitos. Después de varios días de buena pesca se compraron una casita y ropa, no faltándoles de nada.

Entonces la mujer, a la que ya le parecía extraña tanta bonanza, le sonsacó a su marido cómo estaba consiguiendo tan buena pesca enterándose así de la historia del pez mágico. Cuando el pescador tiró la red pescó otra vez al pez mágico y éste le dice: dale mi cabeza a la perra, la cola a la yegua, el cuerpo a tu mujer y las tripas las entierras en el corral. Y así se hizo, a los tres meses nacieron tres perritos rubios, tres yeguas también rubitas y tres niños. Y en el corral, tres lanzas. Y los niños era no sólo guapos sino que iguales. Y llegaron a ser mocitos ya los tres niños y dijeron: -Mire usted, padre… Nos marchamos. ¿Qué hacemos aquí los tres? a lo cual el padre les dijo que cada uno se llevara una lanza, un perro y un caballo. Al despedirse, el padre les dio a cada uno una botella de agua clara, y les dijo:-Cuando se enturbie esta agua, es que os pasa algo. Tomaron cada uno su dirección y después de caminar mucho, mucho…, entraó uno en un pueblo y al ver que estaban todas las mujeres llorando les preguntó:-¿Qué les pasa, mujeres? ¿Por qué lloráis? a lo cual le respondieron:-Pues, mire usted… porque una serpiente de siete cabezas se presenta todos los años… Sortean a una moza -para entregársela. Y este año le ha tocado a la hija del rey, que es muy guapa. Y no hay salvación para ella. El hombre se comprometió ante las mujeres a matar al dragón y una de ellas le dijo que entonces el rey le concedería riquezas y la mano de su hija.
Fue a buscar entonces al dragón, encontrándose así con la princesa, llegando a los pocos momentos la serpiente que le dijo:-¡Apártate, apártate!, ¡que te devoro y hago lo mismo que con la hija del rey! y el chico respondió-¡Aquí mi perro, mi lanza y mi caballo!
El perro empezó entonces a mordiscos, y él, en la yegua, se abalanzó sobre la serpiente. Él le dio con la lanza y la mató. Entonces sacó un pañuelo del bolsillo y le cortó las siete lenguas envolviéndolas y guardándolas. Finalmente, se marchó camino adelante. Pero pasó por allí un carbonero y cortó las siete cabezas de la serpiente. Y se presentó en palacio:-Señor, vengo a casarme con sú hija, como prometió usted.
La hija del rey dijo que era mentira, que aquel no era el hombre que la había salvado a lo cual respondió el carbonero que era incierto, que sólo porque era carbonero, y feo, no querían cumplir lo que habían dicho. Finalmente, el rey, dijo que la palabra de rey tenía que cumplirse. Pero, a todo esto, decidió el joven a volver a ver a la princesa. Al encontrarse en palacio este y enterarse de la situación el chico sacó el pañuelo y le presentó las siete lenguas al rey y al verlo, la princesa dijo que era ese el chico que realmente le había salvado, quedando al descubierto así la treta del carbonero.
Entonces la princesa se casó con el otro, y celebraron las bodas con toda la alegría del mundo hasta que un día, estando en la galería del palacio el muchacho dijo:-Oye, ¿qué es aquello que ves allí? respondiéndole la princesa:-El Castillo de Irás y No Volverás. Y no se te ocurra nunca ir por allí, porque no volverás.
Él, por no disgustar a su mujer, calló. Pero un día se le antojó marchar. Cogió entonces su yegua, su perra y la lanza y se marchó al Castillo de Irás y No Volverás. Subió con dirección a él hasta que llegó allí. Y había allí un arbolado muy espeso y puertas grandes, con argollas de hierro. Llamó pero no le respondieron. Entonces, apareció una vieja que le dijo:-¿Qué deseas, hijo? el chico respondió:-Pues, mire usted: quería ver este castillo. La vieja le dijo: -Pero, ¿cómo vas a verlo con la yegua? el chico volvió a responder: -¿Dónde voy a dejarla? No tengo con qué atarla. y la vieja le dijo a su vez:-Pues, toma un pelo de mí cabeza para atarla. El chico se echó a reír y la vieja le respondió nuevamente:-¡No! ¡No te rías! Tan pronto como le cojas, se volverá una maroma. En efecto, así fue. La ató, bajó, y fue a ver el castillo. Y allí quedó encantado. Quedó encantado como un perro, pues todos quedaban como animales en aquel castillo y se volvieron a cerrar las puertas en la misma forma.
La princesa estaba llena de pena porque suponía que se había quedado encerrado su marido en el Castillo de Irás y no Volverás. Mientras tanto, la botella del otro hermano se puso muy turbia y cada día que pasaba, más turbia se ponía la botella. Hasta que un día, decidió salir a buscar a su hermano pensando que podría haberle pasado algo malo y se puso a andar y a andar hasta que llegó al pueblo donde estaba casado su hermano gemelo con la princesa. Y en el pueblo le decían:-¡Viva el príncipe!
El chico fue a palacio pensando que su hermano sería el príncipe, y al encontrarse con la princesa esta le dijo:-¿Dónde has estado que nos has tenido intranquilos? Ya te dije que no fueras al Castillo de Irás y No Volverás. ¿No te lo decía? Él no dijo nada, cenaron y se acostaron. A los pocos días volvieron a salir a la misma galería, y el chico le volvió a hacer la misma pregunta que su hermano:-¿Qué es aquel castillo?. A lo cual la princesa respondió:-Pues, ¿no te lo dije hace días? ¿No has estado en él, el Castillo de Irás y No Volverás? ¿Dónde has estado de caza hace pocos días, que nos has tenido tan intranquilos? El chico entonces cayó en la cuenta de dónde se encontraba su hermano y cuando pudo, se marchó en dirección al castillo. E hizo lo mismo que el otro. Llegó allá, llamó a la puerta y salió la misma vieja:-¿Qué deseas, hijo?-Pues mire, venía a ver el castillo.-Pero, ¿cómo vas a verlo con la yegua?-¿Dónde voy a dejarla? No tengo con qué atarla.Y le dijo lo mismo que antes: con su pelo. Le dio el pelo, el chico bajó y quedó encantado él como un lobo -pues todos quedaban como animales en aquel castillo.
Finalmente, el tercer hermano vio que su botella se ponía cada vez más turbia y salió en busca de sus hermanos. Llegó por fin al pueblo donde estaba casado su hermano y le pasó lo mismo que a su hermano, llegó al pueblo, le confundieron con el príncipe y fue a ver a la esposa de su hermano gemelo, la princesa, la cual le habló del Castillo de Irás y no Volverás.
Como era más vivo que sus hermanos, se dio cuenta en seguida. Y como su botella se ponía cada vez más turbia, al día siguiente marchó, pues se daba cuenta de lo que decían todos, que sus hermanos tenían que estar en ese castillo. Hizo como los otros: cogió al perro, la yegua y la lanza, y llegó hasta allá. Llamó como los otros y le abrió la vieja que le dijo:-¿Qué quería? a lo cual él respondió: -Ver el castillo y sacar dos hermanos que tengo aquí metidos. Le dijo la vieja:-Es mentira, hijo. Aquí no hay nadie. Ate el caballo y baje usted. El chico, desconfiado le respondió:-No ato el caballo. Aquí paso con caballo y todo. Se abalanzó sobre ella y le dijo:-¡Ahora mismo me tienes que decir dónde están mis hermanos, o si no, te mato! Se abalanzó sobre ella con el caballo, el perro y la lanza y la vieja, atemorizada le dijo:-No me mates… Yo te diré de qué forma están encantados.-El uno está de perro y el otro de lobo. El chico enfadado dijo: -Pues dime qué hay que hacer para desencantarlos. La vieja le respondió:-Bien, hijo, no me mates, y yo te lo diré. Allí abajo hay un león que te enseñaré, que tiene un ojo abierto. Con esta flecha que tengo aquí, hay que darle en el ojo que tiene abierto. El joven hizo como ella decía. Mató el león, y se desencantaron sus hermanos y todos los personajes que había allí. Volvieron al palacio, donde los recibieron con grandes alegrías y finalmente, se casaron los dos hermanos.

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